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Historia

Las primeras raíces

Costa de Traba

A falta de una catalogación detallada de los restos arqueológicos de la parroquia, no tenemos conocimiento claro de la existencia de vestigios prehistóricos. Sin embargo, tanto por la toponimia como por la riqueza legendaria podríamos confirmar su existencia.

No tenemos noticia de restos megalíticos pero en la parroquia de San Simón de Nande, que limita con la de Traba por el este, se conserva la anta a Fornela dos Mouros, situada en la Costa do Aprazaduiro; aunque existen ciertas dudas de si esta construcción, formada por tres chantas verticales y una cubierta, sea un monumento megalítico, tanto por las reducidas dimensiones, coma por su situación en un lugar pedregoso que dificulta los enterramientos segundo manifiesta Lema Suárez. Em la también próxima parroquia de Carantoña (Vimianzo), situada al oeste, se conserva la Mámoa da Mina de Recesindes, bastante destruida.

Antón Rodríguez Casal, en la Carta arqueológica del partido judicial de Carballo (1975), nos informa de un recinto castrense en lo alto de la Torre da Moa, con defensas naturales y con una terraza hacia el poniente, en la que se observan dos lienzos de muros que podrían corresponder a una construcción medieval. Alude también a la abundancia de cerámica tardorromana y medieval.

En la visita que hicimos a este lugar tenemos que reconocer que toda cumbre del monte nos pareció formado por una estructura de rocas de tipo natural. Es verdad que se aprecia una pequeña terraza que podría ser artificial en la parte este, cubierta de vegetación, por lo que resulta difícil de ver si hay algunos restos de muros. Lo que si resulta fácil de observar es la abundancia de restos de cerámica, fundamentalmente de teja antigua, que podría confirmar la existencia de alguna construcción de la época medieval tal como nos indica el arqueólogo anteriormente citado. Apreciamos también, en las rocas de la parte más alta, algún hueco de tipo artificial. Los topónimos de Torre y Castelo, atribuidos a este lugar, junto con la riqueza legendaria que aún se conserva, podrían confirmar la anterior hipótesis.

Hay autores que sitúan en esta impresionante mole granítica las Aras Sestianas, lugares de culto al emperador romano, basándose en los imprecisos datos que aportaron los historiadores clásicos. Los más atrevidos vieron en las variadas pías naturales que se formaron sobre los granitos que constituyen la plataforma más elevada, pías hechas por la mano del hombre en las que se realizarían sacrificios de animales en honra de las divinidades paganas.

La situación estratégica de este mirador o plataforma elevada, desde la que gozamos de inmejorables vistas sobre todo el valle de Traba, junto con las variadas formas que adquirieron aquí los granitos erosionados, no resulta extraño que motivaran a la imaginación humana a crear leyendas que tratasen de buscar una explicación al espectacular trabajo que realizó aquí la naturaleza.

Se habla de que aquí vivieron los gentiles. De la existencia de un túnel desde la Torre da Moa hasta el mar, pero que non se puede recorrer todo porque llega un momento en que no se puede respirar. También se dice que en el Castelo vivieron los moros, y que segundo los mayores había una iglesia de los gentiles, que aún se ven allí los restos de sus tejas.

El gran interés natural que tiene este macizo granítico de los Penedos de Traba con sus fantasiosas formas, unido a la riqueza histórica y etnológica que se creó al alrededor del mismo, constituye un valioso patrimonio que es preciso conservar y transmitir a las venideras generaciones.

Al noreste de la Torre da Moa hay un monte denominado los Castrallóns o también el castro de Traba, que pudo ser un antiguo castro pero que tampoco se observan claros indicios del posible recinto. Igual denominación recibe una playa do extremo norte de la parroquia. Es de suponer que en un valle fértil como es este de Traba, que existieran asentamientos humanos desde los primeros tiempos.


Época medieval

Traba

Hay varios autores, entre los que se incluye Carré Aldao, que afirman que de esta parroquia tomaron nombre una de las familias nobles más importantes de la historia da Galicia da alta edad media, como fueron los Condes de Traba. Uno de sus miembros, fue el poderoso Pedro Froilaz (o Fernández) de Traba, quien se autotituló primer Conde de Galicia y más tarde aparece como Imperator in orbe Gallatiae. Protegió y crió, en su monasterio de San Xulián de Moraime, al futuro emperador de Galicia, León y Castilla, Afonso VII. Esta poderosa personalidad de la nobleza gallega dominaba las tierras de la mitad norte del litoral gallego, y mismo sus posesiones llegaban hasta las puertas de la ciudad santiaguesa, por eso fue enterrado en la capilla de las Reliquias de la catedral compostelana.

A partir del século XIII, comienza a decaer el poderío económico y la influencia política de esta poderosa linaje. Sus ramificaciones dieron origen a los Andrade, Mariñas Moscoso o Mantaos, que ejercieron poderío sobre aquel mismo territorio.

En la región costera de la Costa da Morte, serán los Moscoso o condes de Altamira, con sus fortalezas de Mens y Vimianzo, los que hereden este dominio.

El resto histórico más importantes que se conserva en Traba de la época medieval es la iglesia parroquial de Santiago, situada en medio del feraz valle, que, a pesar de las reformas que sufrió con el paso del tiempo, no perdió su estructura románica.


Antiguo Régimen

En esta época Traba formaba parte de la extensa jurisdicción de Vimianzo dominada por los condes de Altamira, que eran los que tenían el derecho de presentación de su curato segundo recogió Del Hoyo. Este visitador da iglesia compostelana en sus Memorias nos narra una curiosa leyenda de un soldado escocés, símbolo de la herejía protestante, que entró en la iglesia y: "chegou á custodia a roubar a caixa de prata na que pensaba que se atopaba o Santísimo Sacramento e descubriu que non estaba, que o Satísimo Sacramento estaba nun tafetán azul, e o soldado consumiu o Santísimo Sacramento e gardou o tafetán no peito. Acabando de consumir a Sagrada Forma, reventou pola éngoa e rabioso como un can, saiu arrastrándose da igrexa e morreu. Os fregreses botaron o seu corpo nun burato e cubríronno con pedras. A pesar de limpar e botar cal onde reventara, era tan grande o fedor que en dous meses non se poido misar".

Relacionada con la introducción del cristianismo y el destierro de un posible culto pagano a las aguas estaría la leyenda de la villa asolagada de Valverde, de la que existen varias versiones que se repiten en otras partes de Galicia donde hay o hubo lagunas: Alcaián, Duio, Doniños, Cospeito, Antela, etc.

Baña Heim recogió una leyenda que habla de que aquí llegó el Apóstolo Santiago y asedió la ciudad, denominada Valverde. Y después de cuatro meses y viendo que no fue capaz de dominarla, se puso a rezar y rogar a Dios y a la Virgen para recobrar fuerzas y vencer, con el fin de que no sometieran a los pueblos cristianos que lindaban con ella. Después de la invocación realizada vio caer parte de sus murallas, entró a su interior y comprobó como nadie quiso conocer a Dios, ni recibir el santo bautismo, por lo que ordenó matar a todos, excepto los niños. Los sacó de la ciudad y mandó llevarlos a lugares cristianos para que fuesen bautizados. Marchó de la ciudad con su gente, la maldigo y, a la vista de los que con el estaban, se hundió e hizo una laguna, donde después se encontraron peces negros como el carbón. Durante mucho tiempo se escuchó el repicar de las campanas, y en los días claros se llego a ver a su afilada torre.

Curiosamente en el século XVIII, la casa rectoral estaba situada en el lugar de Valverde, entidad de población en la actualidad desaparecida, segundo Xosé Mª Lema Suárez.

A nosotros, en el lugar de Boaño, nos contaron otra versión de esta leyenda segundo la cual llegó el Apóstolo Santiago a la villa de Valverde pidiendo posada y ningún vecino se la quiso dar, tan solo una mujer le ofreció hospitalidad. Al día siguiente le dijo a esta señora que lo acompañara, y al llegar a los altos da Moa vieron como la villa desaparecía bajo las aguas de la laguna.

Durante el Antiguo Régimen cruzaba por la parroquia un camino costero que desde Ponteceso y Laxe, se dirigía hacia la Ponte do Porto y Camariñas. Un ramal de este camino se desviaba a la izquierda por Pasarela y Calo hacia Vimianzo. Por la beiramar había un reguero que comunicaba Laxe con Camelle, después de pasar por las playas de Soesto y Traba. En Laxe, en la actualidad, aún se celebra el lunes de Pentecoste el día do Peñón, en el que se va a merendar al campo. Esta celebración se hace en memoria de un antiguo costumbre que tenia la gente de Laxe de ir esperar al Peñón que hay detrás de Santa Rosa a los romeros que venían de la fiesta del Espírito Santo de Camelle y merendar con ellos.

Desde antiguo tuvieron sona las cebollas y ajos cultivados en el valle de Traba y que se exportaban a través de los pequeños puertos de Camelle y Laxe como escribe Lucas Labrada en 1804. Estos productos eran comercializados sobre todo en las ferias de Baio y Ponte do Porto. También tenía sona la fruta de Traba, que durante la temporada de verano se vendía en las ferias y romerías de los alrededores.

Dentro de esta parroquia hubo dos casas señoriales pertenecientes a la nobleza local o hidalguía. Una en Mórdomo, topónimo que, segundo Cabeza Quiles, se refire al lugar de residencia de un mayordomo, que seguramente se refiera al encargado de la casa señorial que existió en este lugar.

Segundo Martínez Barbeito, el primero en habitar la casa de Mórdomo fue Martín de Leis e Caamaño, casado con Mayor Núñez. Los descendientes emparentaron con los Moscoso, Vilardefrancos y los Carantoña. Sus fundadores pueda que tuvieran parentesco o relación de dependencia con la familia de los Traba.

La otra casa grande estaba en el otro extremo de la parroquia, en la aldea de Boaño, se conocía por el nombre de la Casa do Pombal. Fue casa hidalga de los Núñez e Martelo. Personajes destacados de esta familia fueron Pedro Núñez del Rial, procurador general de la jurisdicción de Vimianzo, o Luís Martelo de Lema Núñez de Leis, inquisidor, casado con María Josefa Núñez, que se trasladaron a la casa do Arco en Laxe.

Su hijo Ramón Martelo, militar y magistrado; casado con Dolores Paumán del Nero e Suazo, tuvieron como único hijo a Evaristo Martelo Paumán del Nero, Marqués de Almeiras, poeta, que habitó en el castillo de Vimianzo. Todo esto, segundo Martínez Barbeito.


Época contemporánea

El mar bravío, que bate con intensidad tanto en los acantilados como en el extenso arenal, provocó que en el trecho costero que abarca la parroquia se producirían varias catástrofes marinas. Sobre todo en los bajos de Ataín, en lo que se producieron cuatro o cinco naufragios, uno de ellos de nombre a esta parte costera, segundo manifesta Baña Heim en su libro Costa de la Muerte. Historia y anecdotario de sus naufragios.

También indica que en la playa de Laxe embarrancó el carbonero inglés Kenmore la noche del 11 de enero de 1904, tripulado por treinta marineros de los que se lograron salvar veinticuatro gracias a la ayuda de las gentes de Camelle y Traba. En la punta do Cabezo, situada al oeste, se produjo en 1883 el naufragio del vapor inglés Chamois del que se salvó toda su tripulación con la ayuda también de las gentes de los lugares próximos. Este profesor camellán, además de los naufragios, recoge también en su libro ciertos costumbres de esta parroquia relacionadas con los velorios y entierros."Os velorios todos asistían provistos dunha vela, que se depositaba sobre unha táboa con buratos. Nos enterros todos os homes ían de capa negra prenda exclusiva para estes mesteres e que en cada casa herdaba o vinculeiro. Antes da saída do féretro, facíase unha pequena cachela, á que se lle poñía carozos e herbas que fixesen fume e cada home, por rigoroso quenda, ía pasando por enriba dela, facendo uns movementos de abano coa capa para espantar os malos espíritos".

En el año 1944 ocurrió en el arenal de Traba un suceso que impresionó a todos los vecinos de la parroquia, fue la caída de un avión de combate americano, con dos tripulantes a bordo. Pronto la gente se aglomeró alrededor del aparato viendo como los dos soldados permanecían dentro del mismo, negándose a descender hasta la llegada de las autoridades, en este caso la guarda civil. Cuentan los vecinos que fue por miedo a que tomasen represalias contra ellos. Acompañados de la autoridad se trasladaron a Laxe, pero antes quemaron la documentación que traían a bordo.


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